El Salón del Trono
Los Reyes Católicos levantaron su palacio entre 1488 y 1495 sobre el ala norte del conjunto islámico, destruyendo parte del palacio medieval así como la cubrición de la mezquita. En la nueva ampliación se funden distintos estilos artísticos que van desde el gótico final hasta el renacimiento, pasando por el mudéjar de espléndida calidad, en lo que se ha venido denominando como «estilo Reyes Católicos».
Para acceder a las estancias principales de este palacio del
siglo XV se realizó la escalera noble que desemboca en la galería o corredor
superior. En este punto nos encontramos frente a la puerta del Salón Dorado o
Salón del Trono, a partir del cual se distribuye el resto de las estancias del
palacio.
El elemento más destacado del salón es su impresionante
techumbre de madera tallada, dorada y policromada, compuesta de vigas y
traviesas decoradas con lacerías que en sus intersecciones forman estrellas de
ocho puntas.
Generan treinta casetones profusamente ornamentados en su
interior con el yugo y las flechas, emblemas de los monarcas Fernando e Isabel,
con motivos vegetales y con unas llamativas piñas colgantes, cuyo simbolismo se
relaciona con la fertilidad y la inmortalidad.
Bajo el artesonado discurre una galería de arcos conopiales y
en su parte inferior se dispone en un friso una inscripción latina con
caracteres góticos que exalta las virtudes y hazañas de los Reyes Católicos.
En torno al Salón Dorado se disponen la sala de los pasos
perdidos, compuesta por tres pequeñas habitaciones, la sala de Santa Isabel, la
sala de deliberaciones y la sala de Pedro IV.



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