El
Bandido Cuatrouñe
Una
historia contada de vis a vis por mi amigo Simón.
No
conozco la zona y no sé si se equivocó al nombrar la Val, porque a mí me suena
Amposta, pero eso está en Tarragona, igual hay una Val entre Sástago y Azaila
que se llama Emposta, en fin, os cuento la historia.
Hablando
de bandidos, tengo que decir que en Val de Emposta, una zona al suroeste
de Sástago, donde por la orografía del terreno está el camino más corto
para ir a La Puebla de Hijar o Azaila, andando, en carro, o a lomos de un
animal.
Ese
camino era muy transitado allá por final del siglo XVIII y principios del XIX. Y
en esa Val y en esa época, es donde actuaba un bandido, desvalijando de sus
enseres y pertenencias más preciadas, a los viandantes que por allí transitaban,
sobre todo al oscurecer.
El
bandido en cuestión era el Cuatrouñé, no se sabe a ciencia cierta de donde le
venía el apodo, El bandido se hizo famoso por su forma teatral de cometer los
atracos, su truco era el siguiente:
Al
anochecer colocaba varios espantapájaros en las orillas del camino, y se ponía
al acecho, cuando barruntaba el ruido de los carros, caballos o las voces de
los transeúntes, encendía unos cigarros, y se los colocaba en los muñones a los
espantapájaros también llamados “monchutes” en la zona de la que hablamos.
El caso es que las figuras estaban situadas estratégicamente junto al
camino y parecían personas de verdad.
Los
viajeros al ser de noche, solo veían las brasas encendidas de los cigarros en
las manos de los espantapájaros, las sombras de las figuras a la luz de la luna
hacían el resto, el miedo es libre, más aún al oír al bandido Cuatrouñe con
voz potente decir:
-
Alto, sacar lo de valor y entregarlo.
-
Y vosotros, dirigiéndose a los “monchutes.”
-
Quietos y no hagáis nada hasta que yo os lo mande.
Los
pobres transeúntes, ante lo que veían y se figuraban, muertos de miedo ante
lo que ellos creían una partida de bandidos, entregaban sus pertenencias sin
rechistar no fuera que además de sus pertenencias les quitara otra cosa más
preciada.
Ese
fue el modus operandi del bandido Cuatrouñe, mientras duraron sus correrías
por Val de Emposta, no se sabe exactamente cuántos años duraron los
atracos, ni cuantos fueron.
Como
todos los bandidos, tenía numerosos escondites para que no lo pillaran los
picoletos. Unos dicen que se refugiaba en Pina de Ebro, otros en Gelsa y otros
dicen que se refugiaba por los montes de la comarca, lo cierto es que tenía
aterrorizados a todos los viandantes que circulaban por Val de Emposta.
Se
cuenta, se dice, que un joven de Sástago que frecuentaba ese camino porque
festejaba con una moza de La Puebla de Hijar, una vez, cuando volvía de
visitarla a lomos de su caballo, una noche de luna llena, diviso a cierta distancia
los espantapájaros dispuestos a ambos lados de la cuneta del camino y
vio como un individuo les colocaba los cigarros en la mano, seguramente había
oído el ruido que hacia el caballo y el bandido Cuatrouñe se disponía a atracarlo.
El
joven gran conocedor de la zona dio media vuelta y se adentró por otro camino,
que, aunque más largo al fin y a la postre resultaba más seguro, salvándose
de ser desvalijado por el bandido Cuatrouñe.
Desde
ese día, cuando volvía de festejar con la novia, si se le acercaba a pedir
agua algún caminante de por la zona de Val de Emposta, con una mano sacaba
la bota o la cantimplora y con la otra sacaba la pistola, y mientras el sediento
bebía agua lo apuntaba disimuladamente con la pistola, porque no se fiaba
de lo que por esos lares caminaba.
Del
bandido Cuatrouñe no se sabe si murió a manos de los picoletos, o simplemente
se cansó de atracar viajeros por la zona de Val de Emposta y se fue
a otros lugares a seguir robando a los transeúntes.
Relato
de: Mi amigo Simón