2 de junio de 2021

El Problema de Palomas y Tórtolas en Zaragoza

  Las Palomas de Zaragoza


Desde hace unos años, aquí, en mi barrio están proliferando las palomas, en parte la culpa la tienen las personas que sin pensar lo que hacen, alimentan de forma sistemática a las palomas y a las tórtolas, que ya no emigran y se quedan al lado de los humanos que las alimentan y eso que el Ayuntamiento está poniendo carteles prohibiendo el alimentar a las palomas.

Otra parte de la culpa quizás la más importante de la proliferación de palomas y tórtolas, recae en el ayuntamiento de la ciudad por no controlar esta plaga de una especie tan peligrosa y contaminante.

El caso es que las palomas y tórtolas se han convertido en una plaga que traerá consecuencias a corto plazo en forma de enfermedades, en niños y mayores que son los que están más en contacto con los excrementos de paloma, tener en cuenta que cerca de los colegios con arbolado estas ratas voladoras anidan en cualquier árbol y llenan de excrementos los alrededores de los nidos.

Las palomas y tórtolas están anidando en los grandes pinos del barrio y ya se empiezan a ver polluelos caídos del nido y medio devorados por perros y gatos.

Desde estas líneas pedir al ayuntamiento de Zaragoza que además de fumigar los olmos y chopos contra la plaga de bichos que tienen, ponga en marcha un plan para acabar con las palomas molestas y contaminantes de Zaragoza.

Hace unos años estaban de moda las palomas del Pilar, había alrededor de las palomas un negocio montado, carritos con bolsas de maíz o de trigo, incluso bolsas de pan y las palomas decoraban el entorno de la Plaza del Pilar con sus vuelos rasantes y sus aglomeraciones, sobre todo cuando los niños repartían la bolsita de maíz que les habían comprado para dárselas a las palomicas del Pilar.

Con el paso del tiempo las palomas fueron proliferando en tal cantidad que empezaron a ser molestas para los paseantes para los turistas,  para el consistorio y para los tejados de la Basílica del Pilar, ocasionando muchos gastos de limpieza y restauración en toda la zona.

De la noche a la mañana aparecieron los siluros, enormes peces que se comen todo lo que pillan y emprendieron a las palomas que bajaban al rio a beber agua, se las zampaban de un bocado entéricas. De todas formas no creo que fueran los siluros los que acabaron con las palomas del Pilar algo mas ocurrió que solo lo saben en el ayuntamiento y probablemente los responsables del Pilar.

No obstante es muy difícil acabar con las palomas y ahora las tenemos asentadas en una zona muy concreta de Zaragoza, el Paseo del Canal, rebautizado como Paseo de las Cotorras Argentinas y tras su desaparición, vuelven a bautizarlo como Paseo de las Palomas Desaparecidas del Pilar.

La zona del puente de la Avenida América hasta la puerta de entrada del cuartel de Castillejos, reúne a la mayor colonia de palomas de Zaragoza. Como consecuencia de ello los viandantes que pasan por debajo de los árboles de la zona tienen que llevar paraguas, los cogen enfrente de la puerta del cuartel y los dejan pasado el puente de Av. América en la puerta de la clínica San Juan de Dios. De esa forma puedes librarte de una cagada de paloma en la cabeza o en la ropa y saber que las palomas están muy gordas, hay mucha gente mayor que les lleva todos días pan para comer y bolsas de pan cortado para dárselos a los nietos y que acudan las palomas. El otro día, una de esas señoras mayores protestaba porque una paloma se le había cagado en la cabeza y le había salpicado de mierda a una amiga en la chaqueta y la camisa, alguien le dijo que eso le pasaba por dar de comer tanto a las palomas, ellas también cagan.

 La paloma Urbana

La paloma urbana, que es considerada por una gran parte de la población como animales benéficos son sin embargo, en la actualidad el ave plaga más peligrosa para el ser humano.

Se encuentran en ciudades y áreas rurales. En las ciudades, pueden verse en los parques y plazas donde muchas personas disfrutan observándolas y alimentándolas; utilizan los puentes, edificios, estatuas, etc., como áreas de perchado, descanso y nidificación. En las áreas rurales habitan en los patios de las granjas, establos, graneros, torres, etc. En general, las palomas son animales que tienden a alimentarse, anidar y descansar rutinariamente en los mismos lugares, en sitios localizados en áreas altas y protegidas.

Por una parte, las palomas causan molestias debido a que depositan sus excrementos en edificios, bancos, estatuas, vehículos. Este hecho no sólo es desagradable a la vista y al olfato, también provoca manchas permanentes o la prematura corrosión y oxidación de algunas estructuras de metal y otros objetos.

Por otra parte, desde el punto de vista sanitario, las palomas pueden ser portadoras de organismos patógenos y pueden transmitir enfermedades tales como histoplasmosis, ornitosis, salmonelosis y criptococosis. Son además, hospederos de varios ectoparásitos: chinche del nido de la paloma, garrapata de paloma, mosca de la paloma, etc.

En el control de las palomas es necesario considerar que alimentar a las palomas en una forma de recreo para algunas personas y que si se lograra evitar esto, se podría reducir en gran medida el problema que suponen.

Las plagas urbanas de palomas también producen obstrucciones en caños de desagüe, permitiendo una acumulación de agua y beneficiando la creación de focos infecciosos de otras enfermedades, y en otros casos menos dañinos para el hombre, el mal funcionamiento de equipos de aire acondicionado y sistemas de calefacción, todo esto a causa de un contenido de ácido úrico y ácido fosfórico de su materia fecal. Frente a todos estos inconvenientes que provocan estas aves, son consideradas una de las tantas plagas urbanas, con las que lidiamos cotidianamente.

Para finalizar con esta situación, hay diferentes métodos y sugerencias que se pueden tener en cuenta para acabar con las plagas urbanas de palomas, respetando la ley en nuestro país.

Características:

La paloma es de tamaño mediano, cabeza pequeña, cuello corto, con plumas grandes y rígidas, los ejemplares característicos son de coloración poco destacada.


Buscan el alimento, generalmente es de tres veces por día; dos por la mañana y otra en la primer hora de la tarde. Son de digestión muy rápida y su dieta incluye granos, semillas, pequeños frutos y desperdicios. Consumen diariamente alimento equivalente al 15% de su peso.

Su rápida digestión y la carencia de vejiga con la permanente disposición al vuelo, determinan una permanente deposición de heces, a la que realizan en cualquier momento y lugar, incluyendo durante el vuelo.

Es un animal, de hábitos poco higiénicos, ya que acumula sus deyecciones, alrededor del nido, favoreciendo la proliferación de gérmenes, bacterias y parásitos.

Conducta reproductiva:

Anida por lo menos dos veces por año. Algunos estudios sostienen que los cónyuges no se separan ni aun superando el período reproductor. Apenas el macho ha encontrado un lugar apto para nidificar, se establece en él y gime con la cabeza baja hasta que llegue la hembra, la cual acude con la cola abierta y arrastrándola.

El nido, cuya construcción colaboran ambos cónyuges, consiste en un montón de ramas, plumas y otros objetos similares, dispuestos en sentido horizontal, con una ligera depresión en el centro. Muchas veces dejan acumulados el estiércol, en sus bordes, favoreciendo la proliferación de insectos y ácaros, entre ellos vinchucas, moscas y piojos.

Durante el período de celo, el macho demuestra especial dedicación con su compañera, dando vuelta a su alrededor, arrullando y gimiendo para colaborar en la incubación. La eclosión de los huevos se produce, tras un período de 16 a 18 días de incubación. Los pichones nacen con los ojos cerrados y completamente desvalidos.

Primero son alimentados con la leche de paloma y luego de diversos alimentos obtenidos por sus padres que los reblandecieron previamente. Los pichones permanecen en el nido aproximadamente por un mes, período en lo que se van haciendo totalmente independientes. Poseen en ese momento un peso de unos 400 grs., que van aumentando hasta los 500 a 600 gramos en el estado de adulto.

Control:

Una forma de control de palomas, es mediante la eliminación de posibles bebederos, lugares de asentamiento y nidificación para estos animales y gracias a esto, la posible disminución en el número de ejemplares. Existen, organizaciones que se encargan del control de plagas urbanas de palomas, que utilizan el sistema de ahuyentar, con químicos, como por ejemplo diferentes tipos de geles, aerosoles, repelentes, que colocados en los lugares afectados, ya sea azoteas de edificios o monumentos, evitan que estas aves se posen o se asienten.

Estos químicos duran aproximadamente entre 6 u 8 meses, siempre teniendo en cuenta factores externos, como los rayos solares, clima, y suciedad del ambiente. Más allá de su efectividad, la utilización de químicos no es la más recomendable. Existen también otros sistemas de redes adaptadas para evitar las palomas, las cuales se colocan en edificios, ventanas, caños y en los demás posibles lugares de nidificación. Para esto hay empresas que cuentan con personal capacitado para la colocación de las mismas, y el equipamiento necesario para hacerlo. Si este método no resulta eficiente en el control, se agrega la colocación de pinchos, alambres, burletes en cornisas y ventanas para evitar el asentamiento.

En espacios abiertos, hay sistemas electrónicos de ultrasonido para el ahuyentar de esta plaga, pero son usados con mucha menor frecuencia, que las redes y químicos. A pesar de todo estos sistemas y productos con los que contamos para el control de palomas, su reducción en número y ahuyentando, es una tarea complicada, por los difíciles lugares donde arman sus nidos, por la rapidez de su reproducción, la accesibilidad a bebederos y alimentos con los que cuentan, y principalmente estos tipos de aves siempre vuelven al lugar donde nacieron, dificultando arduamente la tarea de erradicación. Con esta situación, las medidas que podemos tomar individualmente, principalmente para prevenir enfermedades y salvaguardar la salud de nuestra familia y animales, en mantenerse fuera del contacto directo con estas aves urbanas, y principalmente no tocar su excremento. En el caso de tener que ponerse en contacto con las palomas y sus desechos, utilizar guantes, bolsas, y limpiadores químicos para eliminar todo residuo. Y frente a asentamientos y nidificaciones informarse sobre los diferentes organismos y empresas especializadas en el control de palomas, para ponerle fin a este problema.

Receta de Palomas a la cazadora

Las palomas a la cazadora es un plato de caza muy típico hace años, pero que cada vez se hace menos. Las palomas a la cazadora son un plato que se realizaba por los cazadores cuando volvían de cazar sus piezas, normalmente se cocinaba en cazuela. A continuación te explicamos paso a paso como se hace esta paloma a la cazadora.


Ingredientes para 6 raciones de Palomas a la cazadora:
·          6 Unidades de Palomas
·          2 Unidades de Cebolla
·          2 Unidades de Zanahoria
·          2 Unidades de Puerros
·          1 Unidad de Tomate
·          1 Botella de vino tinto
·          1 Vaso de agua
·          1 Copa de brandy
·          1 Hoja de laurel
·          1 Rama de tomillo
·          20 Granos de pimienta negra
·          3 Dientes de ajo
·          ½ Kilogramo de hongos
·          1 Chorro de aceite virgen extra
·          1 Pizca de sal

 Instrucciones | 1 hora 30 minutos 

·         Una vez limpias las palomas, pica las verduras (cebollas, zanahorias y puerros) y ponlas a pochar en la olla rápida.
·         Truco: ¿Cómo se puede saber si una paloma es joven? Las palomas jóvenes presentan un tono de piel rosáceo y un pico flexible. Las patas, que no deben contener escamas, tiene que ser suaves y flexibles.
·         Añade la hoja de laurel, la ramita de tomillo y los granos de pimienta. Pela el tomate, trocéalo e incorpóralo. Sazona y deja que se dore un poco.
·         Mete las palomas limpias y vierte el vino, el agua y el brandy, debes dejar reducir el brandy cociéndolo todo a fuego bajo. 
·         Cierra la tapa y deja cocer unos 40 minutos aproximadamente desde que empiece a salir el vapor.
·         Una vez que las palomas estén tiernas, colócalas en una fuente y pasa la salsa por un pasa-puré.
·         Vierte la salsa sobre las palomas. Filetea los ajos en láminas y dóralos en una sartén con aceite. Limpia los hongos, filetéalos e incorpóralos.
·         Sazona y saltea brevemente. Sirve los hongos a un lado de las palomas. Es importante que acompañes las palomas a la cazadora con un buen pan para disfrutar del jugo.
En definitiva, no hay hambre en Zaragoza, si lo hubiera, habría menos palomas y patos en la capital.


A Golpe de Pedal de Moyo Moyer

 Aquí están las largas horas de pedaleo por el monte de Sástago, no penséis que lleva bicicleta eléctrica, ni mucho menos.























22 de mayo de 2021

Cuando Fuimos Los Mejores

 El Real Zaragoza, se mantiene en la 2ª división Nacional y el próximo año peleara por subir a 1ª división, de eso podéis estar todos seguros y el león rampante, volverá a rugir en todos los campos de España y del extranjero.




8 de mayo de 2021

Boletín 3ª Edad

 Hace unos cuantos días se repartió entre los asociados el 3er. boletín de la Asociación de la 3ª Edad de Sástago.
Por si alguien se quedo sin el, lo publicamos para que os lo podáis descargar. Si alguien quiere algún boletín anterior, puede dirigirse a la junta y lo publicaremos en las Tertulias de La Manqueta, en el apartado Asociación 3ªEdad de Sástago. 






4 de mayo de 2021

A Golpe de Pedal de Moyo Moyer

 De nuevo el incansable Moyo pedaleando con su bicicleta y mostrando el maravilloso mundo del monte de Sástago y alrededores. 

Cuantos Km. lleva Moyo este año ???














3 de mayo de 2021

Bailén

 Bailén, la batalla donde Napoleón fue cruelmente humillado por el Ejército español

El 19 de julio de 1808, las tropas de Bonaparte sufrieron en Andalucía su primera derrota de la historia en campo abierto

MANUEL P. VILLATORO

 

Un día como hoy, aunque hace nada menos que 205 años, las tropas españolas lograron un hito que ningún otro ejército había conseguido antes: vencer a las fuerzas de Napoleón en combate abierto. Aquella jornada, bajo un sol de justicia andaluz que acosaba a los soldados con una temperatura de 40 grados, las huestes del «pequeño corso» nada pudieron hacer contra los briosos hispanos que, a mosquete y espada, defendieron el pequeño pueblo jienense de Bailén del invasor.

 

Ese 19 de julio de 1808 los españoles no sólo humillaron a las altivas tropas napoleónicas mediante un ejército formado por multitud de milicianos, sino que también lograron dar un golpe de efecto que marcaría el principio del fin de la ocupación francesa en España. Así, la batalla de Bailén quedaría grabada con tinta indeleble en la Historia.

 

Corrían malos tiempos para España en los inicios del s. XIX. Todo había comenzado con un pequeño megalómano, Napoleón Bonaparte, quien, después de subir al poder en Francia años atrás, asumió como suya la tarea de dominar una buena parte de Europa y derrotar al gran enemigo de su Imperio: Gran Bretaña.

 

Tras caer en la cuenta de que no podía asediar a la indomable Albión por mar, el corso prefirió pasar a una táctica menos invasiva: bloquear el comercio de Reino Unido. Sin embargo, para que esta idea se sucediera a la perfección, Bonaparte debía conquistar Portugal, una región tradicionalmente aliada de los ingleses y que no se plegaría sus deseos.

Una trampa mortal

Pero para llegar hasta Portugal una tierra se interponía en el camino de Napoleón, España. Por ello, en 1807 el francés firmó con Godoy –valido del rey- el Tratado de Fontainebleau, mediante el cual logró obtener el permiso para atravesar con más de 100.000 hombres el territorio hispano.

El macabro plan de Napoleón había comenzado. Y es que, en su paso a través de España, el disciplinado ejército francés fue ocupando diferentes ciudades hasta llegar a Madrid. Así, lo que en un principio comenzó como un permiso de paso, acabó convirtiéndose en una invasión a gran escala. A su vez, las intrigas políticas del «pequeño corso» –que consiguió finalmente dar el trono español a su hermano- terminaron por minar la paciencia de la población que, a partir de mayo, comenzó a levantarse contra los casacas azules.

 

Así, se iniciaron una serie de revueltas por todo el territorio a base de rastrillo y cuchillo en contra del águila imperial. Tocaba defender el territorio del invasor y, ante la escasez de tropas regulares, el pueblo no dudó en proteger cada palmo de tierra hispana con su sangre. Además, a lo largo y ancho de toda España, los defensores se fueron constituyendo en pequeñas juntas locales –encargadas de organizar la resistencia contra Francia- ante la destrucción y la inactividad de los organismos centrales.

 

Camino de Andalucía

Sin embargo, en casi toda España comenzaba a imponerse el entrenamiento de los soldados galos que, mejor pertrechados, plantaban cara con osadía a cualquier levantamiento local. Por ello, con el centro y el norte asediados, Napoleón no tardó en plantearse la conquista del sur de la Península.

«Confiado en el éxito inmediato de la ocupación, Napoleón ordenó al general Pierre Dupont de l'Etang que ocupara Córdoba y avanzara hacia Sevilla y luego a Cádiz. El objetivo era rescatar a una escuadra francesa allí bloqueada desde la batalla de Trafalgar y hacerse con el control de los puertos andaluces, al tiempo que amenazaba Gibraltar» señala el escritor y periodista Fernando Martínez Laínez en su obra «Vientos de gloria».

 

Tras tomar el norte y el centro, Napoleón decidió ir a Andalucía

Para cumplir esta misión, los franceses enviaron unos 9.000 soldados de infantería, a los que los que se sumaron unos 4.000 hombres montados (entre coraceros –la caballería de élite del ejército galo experta en ataques cuerpo a cuerpo- y dragones –jinetes armados con mosquetes-). Al mando de esta fuerza estaba Dupont, uno de los generales más destacados y fiables del «pequeño corso».

 

No obstante, la campaña andaluza salió muy cara a los franceses que, acosados por los guerrilleros y el hambre, decidieron asentarse en Andújar (ubicada a 28 kilómetros de Bailén) con la intención de esperar refuerzos. Con todo, prefirieron dejar su sello de destrucción arrasando y saqueando Valdepeñas y Córdoba. Sin embargo, lo que no sabían los soldados del águila imperial es que los españoles les harían pagar cada gota de sangre derramada.

 

Una vez llegados sus refuerzos, Dupont levantó la cabeza con orgullo al saber que contaba a sus órdenes con 34.000 hombres divididos en cinco divisiones. Para facilitar la organización de este ejército tan numeroso -como bien explica el escritor y experto Francisco Vela en su obra «La batalla de Bailén. El águila derrotada» - el galo entregó cada una a un oficial. Entre ellos destacaba el General de división Vedel, un militar que se había ganado sus galones y el favor de Napoleón combatiendo contra los austríacos varios años antes.

A su vez, el francés sabía que de su lado estaba, además del gran número de soldados galos, la experiencia de los mismos. De hecho, se creyó tranquilo al conocer que combatiría al lado de un buen numero de sanguinarios coraceros y un batallón de marinos de la guardia imperial (una de las unidades de élite de la infantería imperial).

El levantamiento andaluz

Por su parte, y ante el peligro que se cernía sobre la patria, España llamó a filas a los ciudadanos, que se sumaron las escasas tropas regulares existentes. «Tras el levantamiento madrileño del 2 de mayo, que se extendió prácticamente a España entera, las Juntas de Sevilla y Granada comenzaron a formar dos ejércitos que deberían unirse en algún punto de Sierra Morena para detener a los franceses», explica Laínez.

 

Una buena parte del ejército español estaba formado por milicia

Así, los defensores consiguieron reunir una fuerza equiparable a la de los crueles «gabachos» al contar con 30.000 soldados. Sin embargo, más de la mitad del ejército estaba formado por milicianos que, aunque tenían en su interior el ardor propio de un militar español, carecían de experiencia en combate. Con todo, cada uno sabía que plantaría cara al invasor francés hasta la última bala de mosquete.

 

Al mando de la fuerza se destacó el general Francisco Javier Castaños. Éste, a su vez, decidió dividir a sus hombres en tres columnas, como bien explica Laínez en su obra: «La primera, con 9.450 hombres, al mando del mariscal de campo de origen suizo Reding. […] La segunda, mandada por el mariscal de campo belga marqués de Coupigny [contaba] unos 8.000 hombres. […] La tercera columna, compuesta de dos divisiones al mando de los tenientes generales Félix Jones y Manuel La Peña [disponía] de 12.000 hombres de las milicias provinciales. […] Además, se contaba con una “columna volante” que mandaba el coronel Juan de la Cruz con unos 2.000 hombres, casi todos voluntarios».

 

Tras una serie de pequeñas escaramuzas iniciales entre ambos contingentes, el día 17 de julio de 1808 se realizaron una serie de movimientos que marcarían directamente el resultado de los combates. Todo comenzó el 16, jornada en que Dupont –ubicado en Andújar- envió a la división de Vedel hacia el entonces insignificante pueblo de Bailén con órdenes de plantar cara a las tropas de Reding, a las que se suponía defendiendo el lugar.

 

Pero el general francés encontró este minúsculo pueblo vacío. ¿Qué había podido suceder? Casi sin tiempo para pensar, en la cara de Vedel se pudo adivinar una expresión de terror. Y es que, la posibilidad más lógica era que la división española hubiera partido hacia Despeñaperros (un paso a través de las montañas en dirección a Madrid) para cortar una posible retirada francesa.

 

«En esta ocasión todo el equívoco parte de las informaciones dadas por el paisanaje a los franceses, en especial por un alemán afincado en el pueblo, el cual le confirmó el paso de tropas enemigas encabezadas por los Dragones de Lusitania, lo que acabó por confundir a Vedel que vio cómo fuerzas regulares le sacaban ventaja en la carrera por llegar a Despeñaperros», explica en su libro Vela.

Velozmente, Vedel inició la marcha hacia las colinas dejando atrás el verdadero teatro de operaciones. Sin embargo, este no fue el único error que cometieron los franceses, sino que, además, enviaron a otro de sus generales con una considerable cantidad de tropas hacia dos posiciones ubicadas en la sierra.

El curioso encuentro

Mientras, el altivo Dupont continuó esperando despreocupado en Andújar creyendo inocentemente que su experimentado ejército podría hacer frente a cualquier hueste formada por los españoles. Al parecer, nunca tuvo demasiado respeto a un ejército que, según sus palabras, carecía de instrucción y disciplina.

Días después, y ante la falta de noticias, Dupont dio un giro radical a su plan de operaciones y partir hacia Bailén, en el cual creía que había solo un pequeño contingente de tropas españolas. Todo cambió cuando, en la noche del día 18, sus exploradores le informaron de que a las puertas del lugar le esperaban nada menos que 14.000 soldados enemigos: las divisiones de Reding y Coupigny movilizadas días antes por Castaños.

A los españoles, por su parte, también les cogió por sorpresa el encuentro, pues sabían que, aunque eran superiores en número a las tropas francesas, no contaban con la experiencia suficiente para vencer al poderoso ejército galo. No obstante, y a pesar de esta curiosa sorpresa de verano, ambos bandos se prepararon para la batalla.

 

Ahora sólo quedaba ganar tiempo hasta que llegaran los refuerzos: Vedel por parte de los franceses y Castaños por el bando español.

«Como se puede comprobar, de todo esto deducimos que ambos bandos se encontraban mal informados sobre las fuerzas y posiciones respectivas y que se dirigían a una batalla de encuentro. Ni Dupont sabía que se iba a topar con Reding ni éste que se le echaba Dupont encima. Aquel tenía su retaguardia amenazada por las dos divisiones de Castaños, y Reding amenazada la suya por Vedel», completa el autor de «La batalla de Bailén. El águila derrotada».

 

¡A formar la línea!

Tras el primer contacto con las unidades de exploración francesas –aproximadamente a las tres de la madrugada del día 19-, los españoles dieron comienzo a una alocada carrera contra el tiempo para formar su línea defensiva. El ejército, ahora al mando de Reding, tuvo que organizar a dos divisiones que incluían, según Vela, a unos 12.600 infantes (armados principalmente con mosquetes) y 16 piezas de artillería. A su vez, la fuerza contaba con el apoyo de casi 1.200 jinetes, entre los que había varias unidades de los famosos garrochistas (pastores que, diestros en el uso de la lanza, se incorporaron a filas para combatir al invasor francés).

 

Con varias tretas, los defensores lograron la retirada de la caballería gala

Para hacer frente a los galos, las tropas españolas formaron a las afueras de Bailén. «Al amanecer, el ejército español se desplegó en forma de arco o herradura abierta con los extremos apoyados en los cerros Valentín, al norte, y Haza Walona, al este», completa el autor español en su obra.

 

En vanguardia se situó la infantería formando una consistente fuerza de choque a base de mosquete y bayoneta. Como apoyo, se intercalaron varias piezas de artillería con las que aplastar las formaciones francesas. En segunda línea, Reding ubicó varias unidades de infantería de reserva además de algunos regimientos de caballería con un doble objetivo: apoyar a los cañones y flanquear al enemigo.

 

Por su parte, el experimentado Dupont contaba a sus órdenes con unos 8.000 infantes (entre los que se encontraban los marinos de la guardia imperial), unos 2.000 jinetes (sumando a coraceros y dragones) y 23 cañones. Como siempre, la fuerza de los franceses la componía principalmente la caballería pesada, que solía ser usada como un martillo en contra de las formaciones enemigas.

 

Como era de esperar, Dupont ordenó formar con un sólido bloque de infantería en el centro, la temible caballería en los flancos y varios cañones como apoyo (estas de menor potencia que las españolas). Con las piezas dispuestas para la partida de ajedrez, ahora todo quedaba en manos de la resistencia, la valentía y la tenacidad de los soldados.

Comienza la batalla

La contienda comienza bajo un caos total, pues eran las tres de la mañana y la oscuridad todavía no había abandonado Bailén. «Entre las tres y las cinco de la madrugada lo único claro es que no hay nada claro. En medio de la oscuridad […] lo único cierto son las voces de ¡quién va!, los fogonazos de los disparos y poco más», determina en su completísima obra Vela.

 

A las cinco de la mañana, y sin más dilación, varias unidades del ejército español se lanzaron -en el extremo del flanco izquierdo- a la conquista de una posición que les podía otorgar una ventaja táctica de gran importancia: el cerro Haza Walona. Con sus mosquetes cargados y una buena visibilidad tomaron este emplazamiento sin combates y se aprestaron a la defensa.

 

Sin embargo, su alegría dura poco, pues, con la primera luz de la mañana, Dupont ordenó a la brigada suizo-española (antiguamente al servicio de España y ahora encuadrada a la fuerza en el ejército francés) asaltar la colina. Por suerte, la tenacidad de los defensores se hizo patente y consiguieron resistir este primer embiste.

La treta española

Sin más paciencia que agotar, Dupont organizó a su caballería para que, al galope y colina arriba, tomara el Walona. En este caso, ni el incesante fuego de mosquete español valió para detener a lo mejor del ejército imperial, que arrasó a dos batallones españoles a los que, incluso, arrebató sus estandartes, un hecho muy significativo para la época.

 

Pero, a pesar de que los jinetes franceses podrían haber abierto brecha en la línea española, se retiraron a sus posiciones azuzados por una curiosa treta de los defensores. «[Una unidad española] a las órdenes de un teniente mantuvo una frenética actividad para dar la impresión de contar con un mayor número de efectivos. Sin saberlo, esta actividad, junto con los agudos toques del trompeta de este destacamento ejecutando todos los toques reglamentarios, confundió a los jinetes galos», añade el autor de «La batalla de Bailén. El águila derrotada».

 


Cuadro del pintor Ferrer-Dalmau sobre la batalla de Bailén

 

Mientras, en el centro del campo de batalla, los franceses formaron columnas para lanzar la que, según creían, sería la ofensiva definitiva sobre las tropas españolas. «La Brigada Chabert desplegó en cuatro columnas de ataque […] e inició la contrastada maniobra gala del choque a la bayoneta en columnas cerradas», señala Vela.

En perfecto orden, los soldados franceses avanzaron hasta situarse frente a las tropas defensoras. Sin embargo, los galos no contaban ya con parte de su artillería –la cual había sido destruida por los cañones españoles desde la lejanía- lo que provocó que fueran tiroteados sin piedad.

 

Tras sufrir considerables bajas, la situación terminó de complicarse para los soldados de Napoleón cuando Reding ordenó a una parte de la caballería española cargar contra sus filas. La presión fue demasiada para los experimentados casacas azules, que, sin poder resistir ni un segundo más, se retiraron manteniendo la formación.

 

Sin embargo, la inexperiencia de algunas de las tropas hispanas salió cara a Reding cuando los garrochistas, ávidos de venganza, no mantuvieron la formación y se lanzaron solos contra varios olivares defendidos por soldados galos. Por desgracia, los mosquetes franceses no perdonaron este error e hicieron mella en las filas de los confiados lanceros.

 

La imprudencia sale cara

Con el espeso polvo surcando el campo de batalla y el calor haciendo mella en los soldados, la situación se recrudeció en el flanco derecho cuando un escuadrón español, fogoso y ávido de hacer sangrar a tantos soldados franceses como pudiera, se adelantó demasiado y perdió el apoyo de sus compañeros.

 

Tras un breve intercambio de disparos con la infantería gala, la imprudencia de estos españoles les terminó pasando factura cuando, de improviso, tuvieron que hacer frente nada menos que a una carga de caballería francesa. Por suerte, y a pesar del gran número de bajas que sufrió esta unidad, se consiguió mantener la línea gracias al apoyo de varios regimientos cercanos.

La batalla de Bailén en el momento del tercer ataque de Dupont

La última carga del águila

Ya al medio día, el sol se convirtió en un desagradable protagonista para ambos ejércitos cuando la temperatura sobrepasó los 40 grados. En ese momento hicieron su entrada en batalla cientos de mujeres del vecino pueblo de Bailén que, arriesgando sus vidas, trasportaron cántaros de agua entre sus compatriotas.

 

Abrasados por el calor, extenuados por el cansancio y temerosos ante la posibilidad de que Castaños atacase su retaguardia, los franceses organizaron entonces a sus últimas tropas para llevar a cabo un desesperado asalto contra Bailén. Para ello, además de a las mermadas unidades de infantería que le quedaban, Dupont llamó también a sus escasas reservas: los marinos de la guardia imperial.

 

«Eran en total unos 3.300 hombres desesperados encabezados por el mismísimo Dupont y su Estado Mayor, que sabían que se les acaba el tiempo», señala el experto. Conocedores de que necesitaban un milagro para dar un vuelco a la contienda, los franceses trataron de sacar últimas fuerzas y plantar cara a sus enemigos.

 

No obstante, la misión era casi imposible y las últimas tropas galas fueron pasadas a mosquete por los ávidos españoles. La última gota de ánimo que aún mantenía vivos a los franceses se acabó cuando Dupont fue herido y casi derribado de su montura.

 

Finalmente, la esperanza imperial se desvaneció cuando vieron aparecer a las tropas de La Peña por su retaguardia.

Rendición final

Todo había acabado. Sabedor de la derrota, Dupont ordenó la rendición y llegó a un acuerdo con los españoles para que sus tropas fueran repatriadas a Francia (cosa que nunca se llegó a realizar, pues una gran parte de los soldados imperiales acabaron muriendo de inanición en una isla cercana).

 

Finalmente, Dupont capituló tras una última carga desesperada

De nada valió la llegada en el último momento de las tropas de Vedel por la retaguardia española, pues Dupont ordenó a su subordinado detener el ataque ante el temor de las represalias sobre los soldados franceses capturados. Había aparecido demasiado tarde para poder ser determinante y las «inexpertas» tropas españolas se habían hecho con la victoria.

 

La capitulación fue, al parecer, demoledora para Napoleón, que nunca antes había visto a su ejército derrotado en campo abierto. Además, el hecho de que hubiera sido vencido por una fuerza formada por multitud de milicianos no ayudó a calmar su ira. Tal fue su enojo que acabó con la carrera de los pocos oficiales galos que volvieron a Francia.

 

Una vez acabada la batalla hubo que recontar las bajas. Por el lado francés sumaban –entre muertos, heridos y contusos- unos 2.200 soldados (el resto fueron hechos presos). «En el bando español […] se confirmaron 192 muertos, 656 heridos, 8 contusos y 1.013 extraviados», finaliza Vela.

 

Francisco Vela, autor de «La batalla de Bailén. El águila derrotada»: «La reacción de Napoleón fue iracunda»

1) En su libro habla de los múltiples errores que se produjeron antes de la contienda y que, casi fortuitamente, dieron la victoria a los españoles. ¿Cómo es posible que dos ejércitos experimentados cayeran en tantos equívocos estratégicos?

Básicamente, el ejército español no supo hacer valer su superioridad numérica ni su condición de jugador local en esta partida, por decirlo de una manera fácil. La parte francesa se aferró a una misión que perdió su objetivo al rendirse la escuadra francesa de Cádiz y no supo retirarse a tiempo a posiciones más defendibles como podría haber sido Sierra Morena en su vertiente manchega a la espera de refuerzos.

Esto les llevó a fraccionar sus ejércitos en múltiples columnas y destacamentos buscándose unos a otros hasta que al fin se encontraron en Bailén el 19 de julio, precisamente en el único movimiento de ambos ejércitos en que no se esperaban encontrar.

2) ¿Cree que si Vedel hubiera llegado antes en socorro de Dupont podría haberse decantado la batalla del lado francés?

Sin ninguna duda que habrían vencido. Casi lo hicieron incluso llegando tarde, con más sentido si lo hubieran hecho tan solo un par de horas antes, cuando podrían haber cogido a Reding entre dos fuegos. El ejército español, reducido a tan solo dos divisiones, no disponía de reservas ni de una fuerza en retaguardia suficientemente potente para frenar a las tropas de Vedel, como de hecho ocurrió. Su irrupción en la retaguardia española, mientras ésta hacía frente a uno de los múltiples ataques de Dupont, habría desbaratado esa defensa.

3) ¿Qué significó para el orgulloso Napoleón esta derrota?

Es de sobras conocida la reacción iracunda de Napoleón a la noticia de la derrota, de hecho supuso el final de las carreras militares de generales, hasta entonces de sobrada reputación, como Dupont, Vedel, Barbou o Chabert -entre otros-. Además, llevó aparejada la completa pérdida de un ejército de 22.000 hombres y sus pertrechos de forma irrecuperable. Algo que nunca antes había ocurrido.

4) ¿Fue esta contienda determinante para el devenir de la invasión francesa?

Por supuesto. Esta afrenta al orgullo del emperador le obligó a tomar cartas en el asunto y en apenas tres meses de estancia en España derrotó a cinco ejércitos españoles y echó al mar a otro británico. Afortunadamente acontecimientos de índole político y militar en Europa le instaron a marchar a París delegando el resto de una guerra, que el ya creía ganada, a un rey impuesto e impopular y a una serie de mariscales egocéntricos y sobrados que nunca llegaron al entendimiento en aras de un mando unificado y que hacían la guerra cada uno por su cuenta.

5) ¿Cómo y con qué armas se combatía en 1808?

La infantería, Arma numerosa y sustancial de estos ejércitos, luchaba en grandes masas compactas donde primaba el número de bocas de fuego sobre su efectividad real, en pocas palabras, se disparaba al bulto esperando alcanzar al máximo de enemigos posibles. Esto era así porque, en ésta época, los fusiles no disponían de ninguna precisión, y si bien las características de estas armas decían que tenían un alcance efectivo de 100 o 120 metros, el alcance real en la práctica, el que causaba una baja al enemigo, apenas llegaba a los 50 metros.

 Son muchos los testimonios que nos cuentan como dos formaciones se podían estar tiroteando a 30 pasos de distancia sin por ello decantar el triunfo sobre uno u otro bando.

6) En su libro explica pormenorizadamente todas las unidades que combatieron aquel aciago día, además de los movimientos concretos de las mismas durante los combates. ¿Cómo le fue posible ser tan riguroso?

Los documentos están ahí, en los archivos militares, históricos y municipales. Solo hace falta tiempo, dedicación y una pasión desenfrenada por nuestra Historia. Es difícil explicar hoy en día la inusitada excitación que uno siente al tener en sus manos los mismos papeles que hace 200 años redactaron o firmaron hombres como Castaños, Reding, o el mismo Dupont. Y por supuesto, disponer de un incontable número de colegas con los que compartir estos papeles, mostrarles tus descubrimientos o agradecerles sus aportaciones, que siempre las hay.

7) ¿Cuánto tiempo le llevó recopilar esa ingente cantidad de información?

El tiempo empleado es sencillamente irrelevante. De hecho, hoy en día siguen apareciendo documentos que siguen aportando información. Básicamente este libro de Bailén me llevó unos seis o siete años. Además no todo es trabajo de biblioteca, también conlleva muchos viajes, llamadas telefónicas, consultas en internet, paseos a la fotocopiadora, etc… todo ello cargando dicho esfuerzo a nuestras cansadas espaldas y escuálidos bolsillos.

8) ¿Cree que actualmente la sociedad le da un reconocimiento e importancia suficiente a batallas tan importantes para España como Bailén?

Está claro que no. En una sociedad tan politizada por un lado como adormecida por otro, la Historia solo interesa a unos pocos, y esos mismos pocos apenas tienen los mecanismos de difusión necesarios para hacerlo llegar a la gente. Son muchos los colegas que se ven abocados al olvido por no haber editoriales que les publiquen, o que apenas pueden salir de un círculo muy reducido de distribución si deciden publicarlo por su propia cuenta. El resultado es el mismo, no suelen llegar a la gente de la calle, y solo en casos muy singulares, como ocurre con Arturo Pérez-Reverte, se descubre cuanto potencial existe en nuestra sociedad cuando se da de verdad una oportunidad a nuestra Historia.

 

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