2 de abril de 2020

General Palafox


La lección de humildad del héroe que defendía Zaragoza al altivo francés que le exigía rendirse
El 22 de diciembre de 1808, José de Palafox recibió una carta en la que Bon-Adrien Moncey le instaba a rendirse. La respuesta no se hizo esperar y se ha convertido en el ejemplo de la gallardía que demostró nuestro pueblo en la Guerra de la Independencia
Que no, señor, que no nos rendimos por mucha rabieta francesa que haya de por medio. Esta fue, en síntesis (aunque no con las mismas palabras), la brava respuesta que dio el entonces teniente general José Rebolledo de Palafox, artífice de la defensa de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, a todo un veterano mariscal de la Grande Armée de Napoleón Bonaparte cuando este le instó a rendirse. Corría por entonces diciembre de 1808 y la situación auguraba un largo sitio. Es decir: hambre, escasez de municiones, penurias y -a la larga- enfermedades.

Sin embargo, el mensaje que Bon-Adrien Jeannot de Moncey leyó el 22 con sello hispano (tras haber enviado él mismo una altiva carta exigiendo que Zaragoza abriera sus puertas) no dejaba lugar al equívoco: «La sangre española vertida nos cubre de gloria; al paso que es ignominioso para las armas francesas haber vertido la inocente. El señor mariscal del imperio sabrá que el entusiasmo de once millones de habitantes no se apaga con opresión, y que el que quiere ser libre lo es». La urbe terminó cayendo el 21 de febrero, dirán los libros. Y es cierto. Pero atrás quedaron dos meses y medio de épica resistencia.

Monceny en España...
Y eso que Bon-Adrien Jeannot de Moncey no era, desde luego, un don nadie. Cuando comenzó la Guerra de la Independencia ya peinaba canas (atesoraba la friolera de 54 primaveras a sus espaldas, casi 40 de ellas como militar) y se había enfrentado a los ejércitos peninsulares en una infinidad de ocasiones durante la Guerra del Rosellón, la invasión del norte del país perpetrada por la Convención gala en 1793. Si entonces era un destacado militar, su apoyo al golpe de Brumario y a Napoleón Bonaparte terminó de catapultarle hacia la cúspide del poder militar. Así, fue nombrado mariscal en 1804 después de haber dedicado sus últimos años a ser uno de los edecanes del «Petit corso».

Mariscal Moncey
La invasión napoleónica de España le sacó, en cierto modo, de un largo exilio de los campos de batalla. Veterano, pero no acabado, en 1808 avanzó, como bien explica R. P. Dunn-Pattison en «Napoleon's Marshals», junto a Murat hacia Madrid a la cabeza del 3er Cuerpo del ejército. Algunos de nuestros compatriotas, contemporáneos suyos de la talla del periodista y poeta Miguel Agustín Príncipe, dejaron sobre blanco que, aunque el mariscal se vio obligado a reprender al pueblo de la capital el 2 de mayo, en realidad era un hombre «dotado de un carácter apacible, templado y conciliador».

Más allá de que el perfil elaborado por Agustín sea o no acertado (algo difícil de determinar más de dos siglos después), los hechos contrastados nos confirman que Moncey recibió órdenes, allá por finales de mayo de 1808, de dirigirse hacia Valencia para conquistar la ciudad. Aquella fue su primera gran derrota.

El asalto a la urbe, que duró nada menos que dos meses, se saldó con la pérdida de casi un tercio de sus hombres y la necesidad de retirarse del frente perseguido por los combatientes españoles. Así, el mariscal se refugió en Iniesta a la espera de nuevas directrices.

Y Palafox en Zaragoza
Mientras Moncey se dejaba vidas y cartuchos en Valencia, en Zaragoza, 300 kilómetros al norte, las cosas no iban mejor para sus colegas de la Grande Armée. Y todo, gracias al buen hacer de nuestros antepasados. En la urbe dictaba y organizaba, gracias a la decisión unilateral del pueblo en armas, el nuevo capitán general de Aragón: José Rebolledo de Palafox. Un oficial de noble cuna que, tras llamar al alistamiento general después de conocer los sucesos del 2 de mayo en Madrid, se dispuso a defender con uñas, dientes y lo que se terciase una de las ciudades más determinantes de la región.

José de Palafox
A cambio, Palafox no tardó en recibir la visita de las tropas del mariscal François Joseph Lefebvre. El 15 de julio, unos 7.000 hombres y media docena de piezas de artillería a su mando se personaron frente a los muros de Zaragoza con el objetivo de ponerle cerco. Diez jornadas después, por si fuera poco, arribaron hasta las puertas otros 8.000 soldados galos. Afirman los cronistas que pintaban bastos (vaya que sí), pero el bueno del español dio la vuelta a la situación mediante un juego de sombras. Dejó la plaza al mando de uno de sus generales, salió de allí en secreto y regresó con unos refuerzos vitales que acabaron con las fuerzas de Napoleón.

Su movimiento fue un éxito. «Los franceses levantaron el sitio, poco después, al tener noticias de la derrota de Bailen y del repliegue general de sus ejércitos», explica el reputado historiador Alberto Martín-Lanuza en su artículo sobre este personaje elaborado para la Real Academia de la Historia. Pero vencer una batalla no significaba mandar, de golpe, a los hombres de Napoleón de vuelta a París. Para eso todavía quedaba mucho, pero que mucho plomo por disparar. Y tocaba prepararse para ello. «Conociendo que los franceses volverían sobre Zaragoza, se realizaron diversas obras de fortificación en la ciudad, se construyeron baterías y se pusieron en estado de defensa varios conventos extramuros», añade el experto.

¿Rendición?
Superado su ejército, la oficialidad francesa ordenó a Moncey, entonces a unos pocos cientos de kilómetros, llegar a la zona y hacer doblar la rodilla a Palafox. El mariscal pisó la urbe maña el 30 de noviembre de 1808 junto a su colega Ney, mientras los nuestros reclutaban más soldados y construían nuevas defensas. Así comenzó el que, a la postre, sería conocido como el segundo sitio de Zaragoza. «La defensa se hizo célebre no solo en España, sino también en toda Europa. Se resistió a un ejército francés compuesto de dos cuerpos, con más de 49.000 hombres, durante más de dos meses y medio», añade el historiador.

Aunque las bajas fueron cuantiosas para ambos bandos, lo que no se puede negar es que los franceses contaban con una capacidad casi insultante para enviar refuerzos a la zona. Así, el 20 de diciembre se unió a Monceny el 5º Cuerpo de Ejército del mariscal Montier, lo que hizo que el ánimo de los galos tocara techo. A la mañana siguiente, cansado de tanto Palafox por aquí y español por allá, la artillería napoleónica abrió fuego desde buena mañana contra Zaragoza.

Más que para causar bajas y ablandar las defensas (que también), con la finalidad de desmoralizar al contrario y favorecer una rendición que les evitara más muertos y heridos.

De esta guisa, Moncey envió, el 22 de diciembre, un altivo mensaje en el que exigía a Palafox la rendición de la ciudad:
«Señores, la ciudad de Zaragoza se halla sitiada por todas partes y no tiene ya comunicación alguna. Por tanto, podemos emplear contra la plaza todos los medios de destrucción que permite el derecho de la guerra. Sobrada sangre se ha derramado, y hartos males nos cercan y combaten. La quinta división del ejército grande, a las órdenes del señor mariscal Mortier, duque de Trevino, y la que yo mando, amenazan los muros. La villa de Madrid ha capitulado y de este modo se ha preservado de los infortunios que le hubiera acarreado una resistencia más prolongada.

Defensa del convento de Santa Engracia de Zaragoza en 1809

Señores, la ciudad de Zaragoza confiada en el valor de vecinos, pero imposibilitada de superar los medios y esfuerzos que el arte de la guerra va a reunir contra ella, si da lugar a que se haga uso de ellos, será inevitable su destrucción total.

El señor mariscal Mortier y yo creemos que vuestras mercedes tomarán en consideración lo que tengo la honra de exponerles y que convendrán con nosotros en el mismo modo de opinar. El contener la efusión de sangre, y preservar la hermosa Zaragoza, tan estimable por su población, riquezas y comercio, de las desgracias de un sitio y de las terribles consecuencias que podrán resultar, sería el camino para granjearse el amor y bendiciones de los pueblos que dependen de vuestras mercedes. Procuren vuestras mercedes atraer a sus ciudadanos a las máximas y sentimientos de paz y quietud; que por mi parte aseguro a vuestras mercedes todo cuanto pueda ser compatible con mi corazón y con las facultades que me ha dado el Emperador».

Brava respuesta
La respuesta no se hizo esperar. Esa misma jornada Palafox envió de regreso una nota en la que cargó contra todos los argumentos y afrentas que Monceny había expresado en su carta. Lo que más enturbió al español fue la amenaza de que los galos estaban dispuestos a destruir Zaragoza y su forma velada de hacer referencia a los «infortunios» que vivirían los soldados y los ciudadanos si no dejaban las armas y abrían las puertas. A su vez, saberse rodeado de un ejército de hasta 70.000 hombres (según sus propios cálculos) hizo que la decisión estuviera tomada desde el principio: la lucha continuaría.

«El general en jefe del ejército de reserva responde de la plaza de Zaragoza. Esta hermosa ciudad no sabe rendirse. El señor mariscal del imperio observará todas las leyes de la guerra, y medirá sus fuerzas conmigo. Yo estoy en comunicación con todas partes de la península, y nada me falta. Sesenta mil hombres resueltos a batirse no conocen más premio que el honor ni yo que los mando. Tengo esta honra, que no la cambio por todos los imperios.

Segundo sitio de Zaragoza
S. E. el mariscal Moncey se llenará de gloria si, observando las nobles leyes de la guerra me bate; no será menor la mía si me defiendo. Lo que digo a V. E. es que mi tropa se batirá con honor, y que desconozco los medios de la opresión que aborrecieron los antiguos mariscales de Francia.
Nada le importa un sitio a quien sabe morir con honor, y más cuando ya conozco sus efectos en 61 días que duró la vez pasada. Si no supe rendirme entonces con menos fuerzas, no debe V. E. esperarlo ahora, cuando tengo más que todos los ejércitos que me rodean.

El señor mariscal del imperio sabrá que el entusiasmo de once millones de habitantes no se apaga con opresión, y que el que quiere ser libre lo es. No trato de verter la sangre de los que dependen de mi gobierno; pero no hay uno que no la pierda gustoso por defender su patria. Ayer las tropas francesas dejaron a nuestras puertas bastantes testimonios de esta verdad, no hemos perdido un hombre, y creo poder estar yo más en proporción de hablar al señor mariscal de rendición, si no quiere perder todo su ejército en los muros de esta plaza. La prudencia, que le es tan característica y que le da el renombre de bueno, no podrá mirar con indiferencia estos estragos, y más cuando ni la guerra, ni los españoles los causan ni autorizan.

Solo advierto al señor mariscal que, cuando se envía un parlamento, no se hacen bajar 2 columnas por distintos puntos, pues se ha estado a pique de romper el fuego, creyendo ser un reconocimiento más que un parlamento.

Tengo el honor de contestar a V.E., señor mariscal Moncey, con toda atención en el único lenguaje que conozco, y asegurarle mis más sagrados deberes».

ABC Historia




28 de marzo de 2020

Mascotavirus

Mascotas

Qué buena vista tiene el presidente de Aragón el Sr. Lamban, ha sido el único que ha visto el gran problema. Llevamos desde el día 15 de marzo de cuarentena y el presidente Sánchez y sus ministros han dado prioridad a pasear a las mascotas antes que sacar a los niños del encierro impuesto.

Están tontos o que les pasa, no saben gobernar un país en alerta máxima y priorizan a los perros antes que a los niños, venga ya, contra que nos estamos enfrentando los ciudadanos.

Los niños de hoy en día pasan el mayor tiempo en las guarderías, colegios y lugares para hacer actividades extraescolares, y el menor tiempo de su día a día lo pasan con sus abuelos y ahora si  sus papas están en el paro con ellos, los abuelos ahora son un riesgo para la sociedad, en el 2008 fuimos la salvación de este país.

De pronto se presenta una alarma sanitaria y a los que gobiernan la nación se les ocurre la genial idea, que se puede salir de casa para pasear al perro, pero no a pasear a los hijos.

No tienen ni puñetera idea de lo que puede suponer sicológicamente para un niño, estar encerrado en casa durante tantos días, sin poder salir a desahogarse jugando fuera de las cuatro paredes de su casa y no digo que se junte con otros niños, pero el simple hecho de salir un par de horas de su encierro supone mucho para ellos.

Los perros y sus dueños son los grandes beneficiados de este gran problema que tenemos encima, ellos pueden salir cuantas veces sean precisas para el dueño del perro y pasear alegremente por el entorno sin que la policía le pregunte: A donde va? y si no responde adecuadamente, la multa le recuerda que no tiene perro.

Sres. Políticos a algunos ciudadanos nos da la sensación de que no saben por dónde sopla el aire, y dan palos de ciego para intentar que no los tomemos por lo que son, políticos.

Debo decirles algo, esta situación pasara y si no me equivoco, a los que están al mando en estos momentos también les pasara factura de lo que están haciendo, esto que están haciendo hoy, estoy convencido que lo pagaran en el futuro, les auguro un mal final a sus carreras políticas.

Son torpes, van por detrás de la situación con un súper gobierno con cuatro vicepresidentes y 18 ministros más los consejeros y asesores para cada ministerio y vicepresidencias, sin contar con los que le asesoran y aconsejan al Sr. Presidente.

Haga caso a los que le aconsejan bien y haga caso al Sr. Lamban, deje salir a los niños de su encierro , como sea, por números pares o impares, como sus consejeros decidan,  pero déjelos salir del encierro Sr Sánchez, o esto se va a poner más feo de lo que usted se imagina.

Por cierto, no sé porque no es ministro el Dr. Simón, antes que algunas de las que ahora están en el gobierno, al menos el tiene criterio y da explicaciones fáciles de entender, no como algunos ministros y ministras que salen a la palestra y sueltan el discurso de memoria, sin puntos ni comas y no te enteras de lo que dicen.

Cordiales saludos
Un ciudadano encerrado y cabreado


22 de marzo de 2020

15 Días Más de Encierro

Sánchez propone a los presidentes autonómicos prorrogar el estado de alarma otros 15 días

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, propondrá al Congreso de los Diputados prorrogar el estado de alarma otros 15 días. Así lo confirman fuentes presentes en la videoconferencia que Pedro Sánchez mantiene durante esta mañana con los presidentes autonómicos.

El presidente del gobierno se ha hecho acompañar por los ministros de Sanidad, Defensa, Interior y Transportes para la videoconferencia con los presidentes autonómicos, que se celebra por segunda vez en esta crisis tras la celebrada el pasado domingo.


El estado de alarma entró en vigor el pasado sábado 14 de marzo, aunque ya cerca de la medianoche. Con lo que está en vigor hasta el 29 de marzo. Con la nueva ampliación, el estado de alarma llegaría al domingo 12 de abril, superando así la semana y el fin de semana principal de la Semana Santa. Con el objetivo de evitar los millones de desplazamientos que se producen en estas fechas. El presidente del Gobierno volverá a comparecer tras la videoconferencia con los presidentes autonómicos, según informan desde Moncloa.


Noticia en ABC.


19 de marzo de 2020

Covid-19


 Covid-19

En mi barrio obrero y carero, parece como si el covid-19 no existiera. Si no fuera porque los bares están cerrados y a las tiendas hay que entrar de 1 en 1, quien nos viera, diría que estamos fuera de peligro viendo la cantidad ingente de personas circulando en coches particulares y ciudadanos haciendo las compras en la única calle que tiene comercios.


Decir que las dependientas de todos los comercios se merecen también un aplauso de parte de los que vivimos en este barrio obrero y carero, hace falta paciencia con todos nosotros pero se portan de modo ejemplar.

Me ha parecido observar que los precios de los artículos en general han subido bastante, de modo que tendré que decir que somos un barrio obrero y súper carero. Por lo demás todo el tiempo transcurre de un modo extraño, encerrados en casa los que no tenemos perro, aunque no he visto en estos días ningún coche patrulla por las calles del barrio.

La monotonía se rompe a las 8 de la tarde cuando los vecinos aplauden en sus balcones a todas las personas que están trabajando para intentar frenar esta horrible pandemia.


A ver si con el esfuerzo científico descubren pronto alguna vacuna para esta enfermedad y podemos volver a la normalidad lo antes posible.

Agradecer a todas esas personas, médicos, sanitarios, policía, ejercito, dependientas, en fin a todas las personas que día a día están atendiendo a la población, decirles que su esfuerzo no va a ser en vano y que juntos vamos a ganar esta batalla contra el maldito covid-19.

Honor y Gloria para todos

PS:
Efectivamente unos días después de escribir el texto de arriba, puedo asegurar, que los precios han subido en todos los comercios abiertos, unas cosas más que otras, pero mi barrio ahora es súper carero.


Otra cosa, los primeros días de encierro, no había papel higiénico en ningún comercio del barrio, hoy también puedo asegurar que no hay suficiente mierda en los culos de mi barrio, para agotar todo el papel higiénico de los comercios.


18 de marzo de 2020

El Gran Capitán


Gonzalo Fernández de Córdoba, el mejor soldado, el Gran Capitán

José Calvo Poyato
Gonzalo Fernández de Córdoba, a quien sus soldados aclamaron como Gran Capitán en el campo de batalla de Atella (1496), tras infligir una severa derrota a los franceses, nació en la localidad cordobesa de Montilla en 1453. El mismo año en que los otomanos se apoderaban de Constantinopla. Era el segundo hijo de don Pedro Fernández de Aguilar y doña Elvira de Herrera y Enríquez. Por parte materna estaba emparentado con Fernando II de Aragón. Al no ser el primogénito su futuro era entrar al servicio de la Iglesia -su familia intentó que profesara como fraile jerónimo en el cenobio cordobés de Valparaíso- o ser un capitán de lanzas. Sin embargo, su excepcional talento militar, probada en la guerra de Granada, lo convirtieron en un soldado destinado a mayores empresas de las que le correspondían por su condición de segundón.

Sus dotes de estratega no fueron su única virtud. Educado en los principios caballerescos de Diego de Valera, expuestos en su «Tratado de nobleza y fidalguía», sus actuaciones revelan sus valores como caballero: lealtad, honor, respeto a la palabra dada… Ello hizo que Boabdil, el último sultán nazarí, exigiera que su primogénito, entregado como rehén durante la negociación de las capitulaciones de Granada, quedara bajo la custodia de Gonzalo quien por entonces era alcaide de Íllora.

Terminada aquella guerra, donde se había forjado un nombre, se le encomendaba el mando de un ejército para defender Nápoles, donde reinaba una dinastía menor de la casa real de Aragón, que había sido atacado por Carlos VIII de Francia. Darle el mando de ese ejército -cerca de siete mil hombres entre infantes y jinetes-, levantó protestas en la corte por preferir los reyes a un segundón sobre la primera nobleza y los títulos más importantes del reino.

Al inicio de esta campaña sufrirá en Seminara su única derrota, al no seguir Alfonso II, rey de Nápoles y jefe supremo del ejército, las recomendaciones de Gonzalo quien, en una hábil maniobra, evitó un desastre mayor. Su victoria en Atella obligará a los franceses a abandonar la capital partenopea donde sus tropas entrarían triunfalmente.

La culminación de esta campaña tuvo como escenario la Roma de Alejandro VI, el papa Borja. Gonzalo, a quien ya se conocía como el Gran Capitán, liberó el puerto de Ostia y reabrió el comercio por el Tíber, vía por la que se aprovisionaba Roma, acabando con la escasez y el hambre que había azotado durante meses la ciudad. Entró en Roma en loor de multitud, aclamado como un héroe de la antigüedad. El Papa le concedió la máxima distinción pontificia: la Rosa de Oro.

La política de Fernando el Católico lo llevó a Italia por segunda vez, en una campaña desarrollada entre 1501 y 1504. Tras expulsar a los otomanos de Cefalonia y frenar su avance por el Mediterráneo, desembarcó en Italia y se encerró en Barletta, dada su gran inferioridad numérica, en espera de refuerzos para enfrentarse a los franceses. Su decisión que dio lugar a toda clase de malsanos comentarios entre las afiladas lenguas de muchos cortesanos. Las silenció venciendo reiteradamente a los franceses, utilizando una estrategia que pasaba por devolver a la infantería un papel primordial en el combate.

Como en la antigüedad hicieron los hoplitas griegos o las legiones romanas. Primero venció en Ceriñola donde acabó con la flor y nata de la caballería francesa, mandada por el jovencísimo duque de Nemours, que perdió la vida. El Gran Capitán en un gesto de caballerosidad, profusamente recogido por la pintura historicista, rindió honores al enemigo muerto.
Poco después en las pantanosas riberas del Garellano, donde enfermó de las tercianas que acabarían con su vida, dio el golpe de gracia al ejército francés que, refugiado en la Gaeta se vio obligado a capitular y dar por perdida la guerra. Nápoles pasó a formar parte de la Corona de Aragón y Gonzalo fue nombrado virrey.

Siempre me atrajo su figura de vencedor magnánimo con el vencido. Su perfil de noble caballero, más allá de su cuna aristocrática. Pero sobre todo su lealtad a unos principios y a un monarca que no tuvo la grandeza de pagarle como merecían sus muchos servicios. Fernando el Católico, uno de los reyes más gloriosos de nuestro pasado, no estuvo con él a la altura que requerían las circunstancias.

Fernando, tras la muerte de la Reina Católica, tuvo que abandonar la regencia de Castilla presionado por un sector de la nobleza que apoyó la subida al trono de su hija Juana y su esposo, Felipe de Habsburgo. Temió, sin fundamento, que el Gran Capitán le arrebatase Nápoles. Viajó hasta allí y, cuando rendía viaje, tuvo noticia de la muerte de su yerno. En Castilla se reclamó su presencia para que asumiera, otra vez, la regencia. Antes de regresar, removió a Gonzalo del virreinato, prometiéndole el maestrazgo de Santiago. Nunca cumplió su promesa.

Tuvo que abandonar la corte después de recibir varias humillaciones regias. Entre ellas la destrucción del castillo familiar de Montilla, aprovechando un desafuero del sobrino de Gonzalo, Pedro Fernández de Córdoba, o exigírsele cuentas de las sumas recibidas para sus campañas y que dieron pie a la leyenda de las «Cuentas del Gran Capitán». El monarca lo nombró alcaide de Loja, un cargo menor para quien había sido virrey.

El Gran Capitán obedeció una vez más. Allí, alejado de la corte, en un destierro encubierto, pasaría los últimos años de su vida. En 1512, tras la derrota sufrida por las tropas del rey Católico a manos de los franceses en Rávena, sus aliados exigieron a don Fernando que el mando del ejército recayera en el Gran Capitán. Gonzalo recibió la orden de levantar un ejército con destino a Italia, que embarcaría en Málaga. Sería su tercera campaña, pero no llegó a materializarse. El rey había jugado con él. Su objetivo en aquel momento estaba en Navarra, cuya ocupación había encomendado al duque de Alba. Seguía desconfiando del Gran Capitán y lo sometió a estricta vigilancia, hasta el momento de su muerte, acaecida en 1515, como consecuencia de las fiebres contraídas en las riberas del Garellano, defendiendo los intereses del rey que tan mal le pagaba.

Sus restos reposaron en la iglesia de los franciscanos. Más tarde fueron trasladados al monasterio de los jerónimos de Granada, donde su esposa, María Manrique, ordenó decorar el presbiterio con un espléndido programa iconográfico realizado por Jacopo Florentino y cuya interpretación encierra numerosas claves acerca de la vida del soldado.

No era el final del gran estratega que había revolucionado la poliorcética de su tiempo, devolviendo a la infantería el papel que en la antigüedad había tenido y dejaba echados los cimientos de lo que, pocos años después, serían los tercios de infantería española. Su figura ya despertó el interés de los escritores de su tiempo y en los siglos siguientes autores como Cervantes, Quevedo, Góngora o Gracián se refirieron a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, como modelo de caballero, soldado leal y genial estratega.

ABC Historia

15 de marzo de 2020

Bomberos Voluntarios de Sástago

En recuerdo a los Bomberos Voluntarios de Sástago

30 AÑOS DE VOLUNTARIADO

Hace ya más de 30 años, que un sábado a la hora del café nos encontrábamos en el Hostal Monasterio de Rueda de Sástago, el entonces concejal de servicios del Ayuntamiento de Sástago Jaime Ordovás y cuatro o cinco personas más, cuando se decidió poner en marcha una idea que hacía un tiempo llevábamos trabajando.



Se había hablado con los responsables de extinción de incendios de DPZ, a ellos les pareció bien la idea. Había que preparar una nave municipal, (que ya estaba) y había que buscar unas diez o doce personas que se comprometiesen a llevar a cabo esta tarea. Se empezó a confeccionar una lista de nombres en una servilleta de papel, (esto trajo ciertas ironías).

Se habló con todos ellos y al final se completó el grupo. Entonces se equipó el parque de bomberos de Sástago con un camión y todo lo que hizo falta para poner en funcionamiento este servicio. Lógicamente se hicieron unos cursillos en el parque profesional de Caspe.

Algunas personas  de aquella primera lista ya no están con nosotros, Antonio, José, José Joaquín y el propio Jaime .Vaya para ellos un recuerdo. Otros lo fueron dejando por distintos motivos.



Conforme iban quedando vacantes, se iban cubriendo, hasta el año pasado que decidimos dar por terminado nuestro compromiso con este cometido.

Ayer, día 1 de Octubre celebramos una comida de despedida, todos los que quedábamos de esta primera etapa de Bomberos Voluntarios de Sástago.

Lógicamente hubo recuerdos de las muchas anécdotas ocurridas durante todo este tiempo, que de momento no vamos a contar.



Desde aquí dar las gracias a Javier, ex jefe del parque profesional de Caspe por todo lo que nos enseñó durante estos 30 años. Y como no vaya un recuerdo para todos nosotros:

Julián, Jesús, Enrique, Dubi, Joaquín, Juli, Luis, Luis Antonio, Francisco, Nayo, José Ignacio y Antonio.

MUCHAS GRACIAS A TODOS Y HASTA SIEMPRE

Antonio Bolsa





4 de marzo de 2020

Hundimiento del Puente de Sástago

Se nos hunde el puente

Prohibido el paso por el puente a personas y vehículos de todo tipo, debido al hundimiento parcial de parte de la calzada del  puente.



Cierran el puente de Sástago sobre el río Ebro al hundirse una losa 30 centímetros
El Gobierno de Aragón ha cerrado al tráfico de vehículos y viandantes este tramo de la A-221 y dispone desvíos alternativos
Noticia Heraldo de Aragon
04/03/2020


La Subdirección Provincial de Carreteras de Zaragoza ha informado del corte total al tráfico del puente de la carretera A-221 (Quinto-Gandesa), en el término de Sástago. El motivo ha sido el hundimiento de 30 centímetros de la losa de la pasarela en la arcada central.
El Gobierno de Aragón ha cerrado el paso a la circulación de vehículos y viandantes de este puente con vallas que impiden el acceso. Asimismo, ha instalado la señalización adecuada que informa a los conductores de los desvíos alternativos. Las opciones pasan por transitar por la N-232 y tomar la A-1404 o la A-2105 de Bujaraloz o entrar por Chiprana, explicaron fuentes del Departamento de Vertebración del Territorio.

El hundimiento es perfectamente visible por la parte inferior.HA
A lo largo de este miércoles por la tarde, técnicos de la consejería del Ejecutivo autonómico analizarán las causas de lo ocurrido para tener datos concretos y poder tener una primera valoración. Este jueves está prevista otra revisión técnica más especializada con la empresa Raventós, que se encargó ya de elaborar el informe del puente de Gelsa. La Subdirección Provincial de Carreteras de Zaragoza informó del descenso y rotura de la losa del puente en el punto kilométrico 20 de la A-221 pocos minutos después de las 13.00. El comunicado se remitió, además de a la Dirección General de Carreteras y al Subdirector Provincial de Carreteras, a los ayuntamientos afectados, al Consorcio de Transportes de Zaragoza y al sector de Atención Primaria.

Esta vía es la principal carretera de acceso al monasterio de Rueda, en la Ribera Baja del Ebro, cuya hospedería reabrió sus puertas en noviembre de 2019.