Dime con quien vas y te diré quien eres
La frase “dime con quién andas, y te diré quién eres” es muy usada como una manera de
aconsejar a no creer solo aquello que alguien dice de sí. Hay que ser
observador porque las personas de su entorno pueden revelar quién es realmente
esa persona.
“Dime con quién andas, y te
diré quién eres” se puede usar en muchos contextos. Generalmente, se encuadra
más como una forma de juzgar a una persona que recién se conoce más que a un
consejo de amigo, por ejemplo, “No deberías juntarte más con ese nuevo colega
porque sus amigos parecen muy raros y dime con quién andas, y te diré quién
eres”.
El consejo que se infiere
de este refrán puede ser ambiguo. Pues si una persona considerada buena está en
mala compañía, el juicio que se hace dependerá de a quién se juzgue primero.
Esta situación cuestiona la posibilidad de que el hombre bueno sea malo y que
el hombre malo sea bueno.
Por esta razón, a pesar del
refrán contener una moraleja útil, a veces es mejor no juzgar solo por las
apariencias. Hay que tratar de ser objetivo a la hora de definir o clasificar a
las personas con las cuales alguien anda o se hace acompañar.
Existen ciertos principios
bíblicos que sugieren la importancia de las compañías y la
influencia que tienen sobre nosotros, aquellos con quienes nos relacionamos.

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