28 de enero de 2025

La Foto del Día (Murallas Romanas)

 Lo que queda de las murallas romanas

Construida en el siglo I, la Muralla Romana, protegía un perímetro de 3.000 metros con unos 120 torreones defensivos custodiados por más de 2.000 hombres armados, levantados a intervalos de entre 14 y 16 metros de distancia, y recorría la Avenida César Augusto, el Coso y la Calle de Echegaray y Caballero.





















13 de enero de 2025

Recreación de la Zaragoza Romana

 Este montaje es muy probable que fuera la Zaragoza romana de Cesar Augusto, eso es lo que los expertos dicen, yo como me lo manda un amigo me lo creo y os lo enseño.

Recreación de la ciudad romana de Caesar Augusta, con el Cardo (bajo la calle Don Jaime o algo más al Oeste) y Decumano (paralelo al Ebro, en las calles Mayor y de Espoz y Mina) como vías principales



12 de enero de 2025

La Torre Nueva

 La Torre Nueva


El más importante símbolo ciudadano de Zaragoza a lo largo de los tiempos lo constituyó una esbelta torre mudéjar, la llamada por la ciudadanía Torre Nueva, que se alzaba en un angosto espacio junto a la iglesia de San Felipe, a escasos metros de la muralla romana de la ciudad. Tras una larga historia de admiración y cariño por la edificación, hasta mediados del siglo XIX, surgieron dudas sobre su estado y discrepancias sobre su permanencia.

La idea de su construcción se forjó el 22 de agosto de 1504, los jurados acordaron erigir una torre de reloj que sirviese para medir el tiempo en la ciudad. El rey Fernando el Católico aceptó el proyecto. La obra fue encargada al arquitecto Gabriel Gonvao y a los siguientes maestros: Juan de Sariñena, Ince de Gali, Ezmel Balladaz, y el Maestre Monferriz.

La construcción duró quince meses, se empleó para ello el ladrillo a cara vista sentado con aljez. La base era octogonal, tenía 45 pies de diámetro. El muro alcanzaba un espesor de 15 pies, la altura total de la torre era de 312 pies. Hasta diez pies del suelo la torre permanecía vertical, pero a partir de esa cota comenzaba a inclinarse hasta la altura de 210 pies, a partir de entonces recuperaba la verticalidad. Jaime Ferrer se encargó en 1512 de la fundición de dos campanas.

Costó la obra 4688 libras jaquesas y 10 sueldos. Para su ejecución se contó con los recursos de las sisas.

La torre alcanzó destacado protagonismo durante los episodios de Los Sitios, al servir de atalaya desde la que podía controlarse el movimiento de las tropas francesas. Posteriormente los viajeros románticos escribieron sobre ella. Se publicaron multitud de grabados y, cuando la técnica de la fotografía despertó, aparecieron las primeras imágenes con el nuevo descubrimiento.

El 27 de diciembre de 1846, tras unos días de fuerte viento y hielos, sobrevino en la ciudad un fuerte temporal (los documentos hablan de tormenta) que produjo importantes desprendimientos de ladrillos y escombros. El duro clima zaragozano y la falta de un mantenimiento adecuado, fruto de la época, se encargó de dejar bastante maltrecha la edificación. Se fue creando, entre los vecinos próximos a la torre, un franco temor ante el riesgo de que pudiera desmoronarse, derivando en peticiones de derribo. El arquitecto municipal José de Yarza y Miñana, en 1860, llevó a cabo una intervención de refuerzo en el tramo inferior de la torre, trabajando en el interior y exterior de la misma. Pero su futuro no iba a quedar resuelto tras los trabajos de Yarza. No pasaron muchos años para que los agoreros volvieran a clamar por su derribo. Surgió una junta de personajes notables para intentar frenar su derribo, pero al final el 12 de febrero de 1892 el Ayuntamiento acordó el derribo de la torre. La determinación se publicó en el Boletín Oficial el 16 de julio de 1892. Durante un tiempo se abrió a los zaragozanos para que pudiesen contemplar la ciudad desde su mejor atalaya, hasta que la piqueta acabó con la edificación. Una vez desmoronada los ciudadanos pudieron adquirir ladrillos como recuerdo.

Después de diversos monumentos conmemorativos, hoy se recuerda la torre más famosa de Zaragoza por medio de una pintura mural que contempla la escultura de un chico sentado, realizada por Vicente Gómez Arbiol y Fabiola Gil Alarés.

Ayuntamiento de Zaragoza


 

7 de enero de 2025

Belén Peregrino (Reportaje de Jesús Sariñena Tremps)

VII Belén Peregrino .- Crónica

Sábado, 14 de diciembre de 2.024- Jesús Sariñena

Ayer me acosté temprano. Quería estar descansado para

afrontar la jornada con fuerzas. Pero a medianoche me ha

atacado el insomnio en forma de ideas para esta crónica.

La mañana ha amanecido fría, como corresponde a tiempo

navideño. Nada hace pensar en “calentamiento global” ni en

“cambio climático”. Es una mañana de invierno de las de antes.

Más de sesenta peregrinos. Casi como en tiempos pasados, tan

añorados. Pero es que vamos a pisar “Camino Jacobeo del

Ebro”: Rueda, Sástago, Cinco Olivas, Meandros del Ebro. Santa

María, patrona del Monasterio de Rueda. Santiago el Mayor,

titular de la Parroquia de Cinco Olivas. Todo muy “jacobeo”.

No sólo la mañana es fría. Es que una niebla espesa cubre todo

el valle, hasta el punto de dificultar la marcha.

En el Monasterio nos espera un representante de la Asociación

de Amigos del Monasterio de Rueda. Nos da la bienvenida y nos

va a acompañar en los primeros kilómetros, facilitándonos la

marcha, como buen conocedor del camino que es. Antes de

despedirse, nos desea que tengamos un “buen camino” y una

Navidad feliz.

La empresa de Autobuses Díaz nos obsequia con vino dulce y

pastas antes de iniciar la marcha. Esto nos compensa un poco

de la niebla cerrada que nos espera.

Antes de empezar a andar cantamos la “Aurora del Peregrino”,

con más devoción que calidad melódica. Pero sabemos que la

Virgen de Rueda y Santiago lo que valoran es nuestra buena

intención.

El “camino” está ahí esperándonos. Somos peregrinos. El tramo

que vamos a recorrer no es fácil, y la niebla aumenta la

dificultad. Gracias a que llevamos un buen guía.

 

La caminata acaba en el Mirador. Desde aquí, en condiciones

normales, se puede contemplar el curso del Ebro con sus

“meandros”. El Tambor es una construcción del S. XIX, que era

un punto importante de comunicación en aquella época.

Conectaba, mediante señales, con El Fortín, otra construcción

coetánea, también visible desde aquí si la niebla no lo impidiera.

Este medio de comunicación era el “teléfono” y el “internet” del

siglo XIX. Justo debajo de aquí está el Ebro, y en él, el Puente de

Sástago. Este pueblo y también Cinco Olivas se contemplarían

muy bien si la visión fuera clara, así como la Ermita de Montler.

¡Qué pena no poder disfrutar de esta vista, que por sí sola

compensaría el esfuerzo de las subidas y bajadas que hemos

tenido que superar!

El autobús nos va a trasladar a Cinco Olivas. Su Alcalde nos

espera junto a la Ermita de San José para conducirnos hasta la

Plaza de la Iglesia. Allí nos reciben algunas personas del pueblo

para acompañarnos al Pabellón Municipal, donde se nos

obsequia con un exquisito caldo caliente y galletas

acompañadas de moscatel.

Es el momento de la Santa Misa, oficiada por el Rvdo. D.

Hidelber de Jesús Garzón, Párroco de Cinco Olivas. Ante el altar

hay dos “belenes”: uno de la parroquia y otro visitante, el

“belén peregrino” traído por la Asociación de Amigos del

Camino de Santiago de Zaragoza. El oficiante da la bienvenida a

los peregrinos, que participan con sus cantos en la celebración,

y también con su fervor. D. Hidelber de Jesús aporta su carisma

y sus conocimientos. Impresiona la iglesia llena de fieles y la

devoción de todos.

Antes de la comida de hermandad hay un poco de tiempo que

se dedica a visitar el embarcadero en el Ebro, y un antiguo

molino de aceite restaurado, que se mantiene muy bien

conservado. También se visita una Sala de Exposiciones, en la

que se exhiben fotografías antiguas de habitantes de la

localidad de épocas pasadas.

La comida se sirve en el Pabellón Municipal. ¡Qué más da los

platos que se han servido! Hay “hermandad” y buen ambiente

navideño. Al final se cantan villancicos. Y el Ayuntamiento nos

sorprende con unas botellas de cava que terminan de calentar

el ambiente. No hace falta más. La alegría se manifiesta en

todos los asistentes.

Desde estas líneas el agradecimiento de nuestra Asociación a los

Amigos del Monasterio de Rueda por su acogida y por la ayuda

prestada en la realización de la etapa. Y, ¡cómo no!, nuestra

gratitud al Ayuntamiento de Cinco Olivas por su generosidad, y

a las gentes del pueblo por el buen trato dado a nuestros

afiliados.

No sé si se ha notado que Sástago es mi pueblo y que yo estoy

empadronado en Cinco Olivas.

Hasta pronto