LA MALDICIÓN DE TRASMOZ
El origen de la maldición de Trasmoz se remonta al siglo XIII, cuando el Monasterio de Veruela, situado en las cercanías, ejercía su influencia. Un conflicto por la leña del Monte de la Mata llevó al abad del monasterio a excomulgar al pueblo, apartándolo de la gracia divina. Este castigo, según los registros históricos, fue una medida drástica tomada por el clérigo Andrés de Tudela en 1255.
Posteriormente, en el siglo XVI, otro enfrentamiento entre Trasmoz y el monasterio desencadenó una nueva maldición. Esta vez, el conflicto giraba en torno al agua, un recurso vital para la supervivencia del pueblo. Cuando el señor de Trasmoz, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, se enfrentó al abad del Monasterio de Veruela debido al desvío del curso de agua hacia el convento, la respuesta de la iglesia fue la misma: lanzar una maldición sobre Trasmoz.
Según relatos históricos, el abad cubrió el crucifijo del altar con un velo negro y recitó el salmo 108 de la Biblia, conocido por ser una maldición de Dios contra sus enemigos. Cada frase iba acompañada de un toque de campana para que los habitantes del pueblo lo escucharan y quedara constancia del castigo divino.
LA LEYENDA DE LAS BRUJAS
Desde entonces, la leyenda de Trasmoz ha marcado la vida del pueblo y ha inspirado numerosas historias y creencias populares. Se habla de prácticas de brujería, aquelarres y rituales paganos que se realizaban en las cercanías del pueblo, alimentando el misterio que rodea a la región.
Incluso en la actualidad, Trasmoz conserva algunas de estas tradiciones, como la celebración de fiestas paganas que recuerdan a los antiguos rituales que se llevaban a cabo en tiempos pasados. Estas festividades atraen a visitantes de todas partes, ansiosos por sumergirse en el folclore y la historia del pueblo maldito.
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