5 de octubre de 2017

Criminales de Paz

Criminales de paz

Es imperdonable el crimen de vulnerar la ley y alentar la división, el odio y el enfrentamiento


Carles Puigdemont y Artur Mas presiden el Comité Nacional del PdeCat, para valorar el 1-O. ANDREU DALMAU EFE
Que en pleno siglo XXI, después de 40 años de democracia, y con una historia de la que tenemos mucho que aprender, hayamos vivido una jornada como la del 1 de octubre a consecuencia de un proceso secesionista que ha roto todas las reglas del juego, invita a hacer una profunda reflexión.
La sociedad catalana, una sociedad pacífica, emprendedora, que tanto ha aportado a nuestra historia común a los largo de los siglos, se ha visto inmersa en un proceso que, más allá de reivindicar legítimas aspiraciones de mejora política y económica, se ha conducido por el camino del radicalismo y de la ruptura.
Un proceso en el que nada ha importado la sanidad, ni la educación, ni los servicios sociales, ni siquiera la economía. Solo la independencia, auténtico paraíso en la tierra, y bálsamo de fierabrás capaz de solucionar todos los problemas, según sus promotores. El más puro populismo, en versión secesionista.
No ha sido una deriva casual, sino un proceso inducido desde el Gobierno de la Generalitat y los partidos independentistas, que han vulnerado sin pudor la Constitución, las leyes que la desarrollan, el propio Estatuto de Autonomía y las resoluciones de los tribunales de justicia, para tratar de conseguir sus objetivos.
Siendo grave esta conducta, por antijurídica, lo es más aún la que ha alentado el enfrentamiento entre españoles, la ruptura de la convivencia, y la generación de un clima de crispación colectiva de consecuencias difíciles de prever.
Quienes están detrás de esta convulsión social no son criminales de guerra, porque afortunadamente no vivimos un conflicto bélico, y nadie puede ser calificado así, pero, parafraseando esta expresión, bien pudieran denominarse “criminales de paz”, porque han cometido el imperdonable crimen, el intolerable delito no sólo de vulnerar abiertamente la legalidad constitucional, sino de provocar la división, el enfrentamiento y el odio entre españoles.
Les recuerdo una cosa más: un golpista es un golpista vaya vestido de verde y con tricornio y asalte el Congreso, o se emboce con una senyera coronada por la barretina, para traicionar la Constitución en el Parlament
Han violentado uno de los principales valores sobre los que se asienta nuestra convivencia, como es la paz social, que tan difícil es alcanzar y tan complejo es mantener.
Quienes desde el Gobierno de la Generalitat y desde los partidos que le sostienen exacerban el sentimiento nacionalista, han olvidado demasiado pronto que hace apenas dos décadas, países situados en pleno corazón de Europa fueron escenario de enfrentamientos encarnizados, en cuyo origen había muchos factores, pero también un nacionalismo excluyente y mal entendido.
El día 1 de octubre, ese nacionalismo exacerbado que está sufriendo Cataluña dio pie a una jornada de enfrentamientos que hizo imprescindible la intervención de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para dar cumplimiento a las resoluciones judiciales, ante un acto manifiestamente ilegal e inconstitucional.
Quienes provocaron esta situación, quienes obligaron a los partidos de la oposición a abandonar el Parlamento catalán ante el atropello político y jurídico que tuvo lugar los pasados días 6 y 7 de septiembre, quienes han despreciado los mandatos del Tribunal Constitucional, quienes han utilizado sin pudor a la policía autonómica como una policía política, quienes han cometido ese crimen imperdonable de romper la paz social... se llevan ahora las manos a la cabeza porque el 1 de octubre se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que todos hubiéramos querido evitar.
Pero a quienes se rasgan las vestiduras por este motivo, y buscan culpables aquí y allá, les recuerdo la antigua expresión jurídica que dice que “la causa de la causa es la causa del mal causado”. Y todos tenemos claro qué instituciones, qué partidos, qué nombres y qué apellidos han configurado esa “causa de la causa”.
Y les recuerdo una cosa más: un golpista es un golpista vaya vestido de verde y con tricornio y asalte el Congreso, o se emboce con una senyera coronada por la barretina, para traicionar la Constitución en el Parlament.
Ambos sienten el mismo desprecio por la democracia, por la ley y por la convivencia. Frente a ellos, sea 23-F o 1-O, ha prevalecido y prevalecerá la democracia y el Estado de derecho.
Una democracia y un Estado de derecho que se sustenta y se fortalece sobre la voluntad de diálogo que el Gobierno de España ya manifestó en la propia jornada del 1-O, y que debe prevalecer, siempre en el marco de la legalidad constitucional refrendada por todos los españoles.

Cristina Cifuentes es presidenta de la Comunidad de Madrid.

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